Una semana en el armario de... Úrsula Corberó | Revista Vogue

lunes, 7 de diciembre de 2015 0 comentarios
DÍA 1
Es actriz, tiene un blog, tiene una tienda, y a veces, hasta vida social. Y tiempo para imaginar qué pasaría si un día tuviera una discoteca... Así es ella: divina. 


De pronto, la conversación da un giro maravilloso y Úrsula, emocionada, empieza a contemplar la posibilidad de ser dueña de una discoteca. A ver, todo tiene un porqué: la cosa ha empezado hablando de moda (esto es Vogue y estos son sus 7días/7looks, ¿qué esperabas?), ha continuado con música (si eres seguidor de Vogue, sabrás que esto es fun-da-men-tal), y ha terminado en series de televisión (una cuestión innegociable en esta santa e-casa). Ahí han aparecido Girls & Lena Dunham (Úrsula la venera, la adora, la admira y la ama), Dexter & Michael C. Hall (con el que tiene una relación muy parecida a la que mantiene con Lena Dunham) y Los Sopranos. Ésta la tiene pendiente, pero el personaje de Adriana sale a colación y con ella, la historia de ese capítulo en el que Christopher le compra una discoteca para que haga realidad uno de sus sueños: poseer un club y organizar la programación musical.

"¡Buahhhh!", exclama Úrsula, alargando mucho la 'a', presa de la emoción. "¡Eso sería lo máximo!", dice con vehemencia, "con lo que a mí me flipa bailar. Así pondría toda la música que me gusta y el público sería súper cool...". Entonces deja de hablar y retoma la conversación muy seria: "Pero, a ver, soy actriz. Tengo un blog, tengo una tienda, y a veces, tengo vida social." Entonces estalla en su carcajada tan reconocible y concluye muerta de risa: "No, creo que, de momento, no voy a poder tener una discoteca." Eso sí, vuelve a insistir en que le parece una idea 'divina'.

"Divino" es un adjetivo que Úrsula utiliza constantemente. Lo pronuncia y lo usa con una entrega que es realmente efectiva. Cada vez que asegura que algo o alguien lo es, lo dice con tanta pasión que tú también lo piensas. Hoy, por ejemplo, hablando de vaqueros perfectos -ella cree firmemente que los que lleva en estas fotos lo son y los tiene en varios tonos-, recuerda unos de su adolescencia que fueron "los primeros que me compré a mi gusto. Eran de killah y eran los mejores del mundo. Me los puse tanto que se empezaron a romper y mi abuela, que es modista, me los remendaba una y otra vez. Una vez, mi perro Blue, que era un mastín mezclado con husky, me arrastró por toda la calle mientras perseguía un gato. Ese día, supuso la defunción de esos vaqueros. Pero nunca los tiré, y aún los conservo porque eran... divinos de la muerte." Y una, aunque nunca tuvo la oportunidad de verlos, sabe que lo eran. Casi tanto como ella.

DÍA 2
Para la actriz, la ropa es algo más que llenar armarios. Para ella es una manera de coleccionar momentos y visualizarse en diferentes momentos de su vida.

¿Qué ves cuando miras la ropa que cuelga silenciosamente en tu armario, la que reposa dócilmente en tus cajones y la que te desafía rebelde sobre una silla? ¿Qué sientes cuando pasas la mano por tu abrigo favorito, cuando te abrochas tus vaqueros más antiguos y cuando te zambulles en tu jersey más cálido? Úrsula Corberó demuestra una vez más porque es tan divina y responde: "Para mí, mi ropa son momentos." No, no se trata de unos jeans viejos, un jersey de punto imperfecto o una camiseta que ha perdido la forma por el paso del tiempo. No, tampoco se trata de prendas con un valor económico por el nombre que lleva bordado en la etiqueta. Son exactamente esto: momentos.

Hay que tener una sensibilidad especial para pensarlo, para expresarlo y para vivirlo. Por eso, Úrsula Corberó es algo más que actriz, blogger o empresaria: ella es una narradora excepcional de historias. No importa cuál te cuente porque siempre lo hace de una manera hipnótica; sabe modular la cadencia y el ritmo de la voz como pocas, e incluso puedes notar cómo sonríe a través del teléfono. Es más: por esa coreografía que siguen su voz y su cuerpo cuando narra algo, puede saber que está moviendo las manos, la cabeza, las piernas.


Es lo que pasa ahora mismo. Úrsula está contando con detalle cómo es su vestidor y consigue que parezca una secuencia de una película de Wes Anderson. "Tengo una habitación enorme con cuatro armarios aún más enormes. Uno está lleno de jerséis, otro de camisetas, otro de ropa de deporte y gafas de sol, y otro de zapatos. Luego está mi colección de sombreros, tocados y turbantes, que merece mención aparte. ¿Os he contado que mi familia me llamaba Doña Sombreros? Con un mote así os podéis imaginar lo obsesionada que estaba con ellos. Venga, lo voy a confesar: tengo demasiados zapatos. Sí, quizás más de 60 pares. Y sí, hay muchos que dudo mucho que me vuelva a poner... pero no los voy a tirar. Hay pares que con solo verlos es como visualizarme cuando tenía 18 años y los llevaba sin parar. Porque la ropa, para mí, no solo es prendas y accesorios. Son momentos.


DÍA 3
Ella tiene una cajita de música que sus padres le trajeron de Viena y que es su amuleto. Dentro, hay grandes tesoros: los primeros pendientes que su abuela se compró con su dinero.

"Espera, te la voy a poner para que la escuches", me dice Úrsula casi susurrando. Por su tono de voz, yo sé que está a punto de empezar una de sus historias cotidianas que ella convierte en increíbles. Escucho cómo suena ese sonido inconfundible que hace una llave metálica, diminuta, al girar sobre sí misma mientras se la utiliza para dar cuerda a una caja de música. Clac, grita secamente. Y Úrsula murmura: "Mira, mira, esto es lo que te decía". Y, en realidad, el verbo correcto es mirar, más que escuchar. Porque ella recrea las situaciones con tanta habilidad que es como si pudieras ver los escenarios, aunque no los hayas visto nunca y, probablemente, nunca los verás.

La caja -aunque ella siempre que se refiera a ella dice cajita para que quede claro no tanto que es pequeña, sino cuánto amor le tiene- emite la banda sonora oficial de las cajas de música: esas que, como dice Nacho Vegas, son muchas veces difíciles de parar. Una melodía desencadenada y metálica se adueña de la conversación, y uno piensa, irremediablemente, en diminutas bailarinas de plástico con tutús microscópicos que están condenadas a bailar para siempre esa canción siempre que alguien les dé cuerda y levanta la tapa de su cárcel de madera lacada. Siempre listas para la función, siempre preparadas para no equivocarse ni una sola vez al dar vueltas y vueltas, con los brazos en alto.

"Me la trajeron mis padres de un viaje a Viena y es mi amuleto. ¿Cómo podría describirla? Pues es... divina. Dentro he guardado dos de mis pertenencias más preciadas: unos pendientes de brillante y un anillo. Los dos son de mi abuela y ella ha querido que los tenga. Y los dos tienen la mejor historia del mundo. Los pendientes fueron los primeros que se compró mi abuela con su dinero, son de esos chiquititos, chiquititos... con un brillantito pequeño que brilla mucho. Y el anillo fue un regalo que le hizo su primer novio, ¿te imaginas?". Úrsula se queda callada, imaginando. Y de manera insconciente le da cuerda a la cajita de música porque todos los pensamientos que ha originado ese anillo necesitan banda sonora.


DÍA 4
Si sales a bailar con ella tienes que tener una cosa muy clara: es lo que más le gusta en el mundo, lo que más feliz le hace. El baile es su terapia, su catarsis. Dicho esto, ¿bailas?

"Cuanto más triste estoy, más bailo", dice risueña Úrsula Corberó, sin darse cuenta de que acaba de elaborar una frase preciosa y llena de significado que bien podría ser el título de su autobiografía. Como no podía ser de otra manera tratándose de ella, estalla en risas cuando se lo digo y dice con energía: "¡Es que es verdad! El baile es mi terapia, mi catarsis. No hay nada que me haga más feliz que bailar y nada consigue que desconecte más que salir a bailar". ¿Y qué música consigue que la experiencia catártica sea absolutamente perfecta? "Uy, a mí ponme R&B, electro latino, 'sandungueo', dancehall... y pierdo la cabeza, y hasta me puedes ver haciendo twerking", dice la actriz.

"Eso sí, si sales a bailar conmigo eso es lo que vas a verme hacer: bailar", advierte Úrsula. "Cuando piso la pista de baile y cuando me gusta el sitio y la música que suena, me has perdido: no hablo, no me fijo en quien hay alrededor... simplemente, bailo. Y me convierto en la persona más feliz del mundo. No importa lo dura que haya sido la semana y no importa lo duro que pueda ser el día de mañana; lo único que quiero en ese momento es bailar, y bailar, y bailar..."

¿Y cuando se está arreglando para salir también baila? "No", dice tajante, "cuando me arreglo, me arreglo. Es que me flipa arreglarme, especialmente maquillarme y peinarme. Me puedo tirar 45 minutos haciendome un eye-liner más trabajado que de costumbre, iluminándome los pómulos, probando con tonos de sombra que no suelo llevar... Soy muy apañada y muy aplicada para estas cosas", sonríe. La prueba, en este jueves de sus 7 días/7 looks: en ese moñito bun perfectamente hecho/deshecho, en el rojo de labios, en el rubor de sus mejillas y en el negro de sus ojos. Hay un detalle que deja claro que esta noche ha sido brutal y que Úrsula ha conseguido hacer su catarsis favorita y es que la actriz sube en el ascensor con sus zapatos en la mano y con una sonrisa tan cansada como exultante.

DÍA 5
Dentro de 4 años, Úrsula será la mujer más feliz del mundo. Es más: se sentirá como Nicole Kidman. ¿Por qué? Porque cumplirá 30 años y su abuela tiene preparado un regalo que suena brillante...

"¿De verdad lo crees?", pregunta Úrsula con la voz triste. Es la primera vez que esto sucede en nuestra conversación y, teniendo en cuenta lo que ella transmite con su voz, impacta. Su pregunta está llena de esperanza, pero su auto-respuesta la tiñe de desesperanza. "Yo no lo creo...", niega. Hemos llegado a este punto porque está hablando de otro de los tesoros que guardó en su cajita de música, su amuleto. En ella ahora están esos pendientes de brillantes que su abuela se compró con su primer dinero, y que ha querido que su nieta tenga. Pero hubo otra joya de valor (sentimental) incalculable: el anillo que el primer novio de su abuela le regaló cuando empezaron a ir en serio. Una noche de fiesta, Úrsula lo perdió. Y ha perdido la esperanza de volverlo a encontrar, lo cual le produce una tristeza enorme.


Pero ella se la sacude de encima y empieza una de sus fantásticas historias en las que se convierte en la mejor narradora: "Mi abuela es súper ordenada y tiene mil joyitas que a mí, por supuesto, me han fascinado toda la vida. Un día le pregunté: '¿Qué es lo más antiguo que tienes?'. Ella sonrió y me pidió que esperara. Se fue, y volvió con tres anillitos. Cada uno tenía una piedra de un color: turquesa, negra y de río. Me miró, y me dio el de la piedra turquesa. Me miró y me dio el de la piedra turquesa. Cuando me lo dio yo ya había perdido el primero que le regaló su primer novio, una cosa que jamás me perdonaré. Así que guardé este con todo mi cuidado en mi cajita-amuleto. Un día, haciendo una de mis limpiezas de armario, de esas que tanto me gustan, se me cayó y casi me desmayo pensando que también lo había perdido... Pero no, ¡lo encontré! No podría soportar que me pasara otra vez. El valor sentimental que tienen estas cosas de mi abuela es incalculable, de verdad".

"Peeeeeero", y su risa habitual vuelve a adueñarse de la escena, "en cuatro años tendré la joya más alucinante de mi abuela. Es un anillo brutal, que me fascina, con el que me siento una estrella. Qué se yo, ¡me siento Nicole Kidman!". ¿Y ese plazo de cuatro años? "Lo ha puesto ella y marca una fecha muy especial en mi vida: cumpliré 30 años, y seré la mujer más feliz del mundo".


DÍA 6
Sobre mujeres sin tapujos, que se aceptan como son. Mujeres capacitadas para hacer lo que les da la gana, mujeres chiflantes. Mujeres a las que seguirías al fin del mundo.

"Lena, Lena, Lena es... una diosa. Lena es una diosa", dice y reitera Úrsula Corberó. Lena es Lena Dunham, claro. Y Úrsula se revela aún más divina de lo que ya la habíamos conocido en estos 7 días/7 looks al elevarla a la categoría de diosa. Porque hay quien dice que le gusta Lena, hay quien dice que no le gusta, hay quien dice que la ama, y hay quien dice que la odia. Pero quien dice que Lena Dunham es una diosa consigue ser elevada ella misma a la categoría de diosa automáticamente. Úrsula tuvo un flechazo instantáneo con ella mientras estaba rodando 'Cómo sobrevivir a una despedida' y recuerda exactamente ese momento en el que vio fuegos artificiales en el cielo y sintió que en el mundo no había nadie más que no fueran Lena y ella.

"Brays Efe era parte del rodaje y un día empezó a hablar de Girls. Yo le confesé que no había visto todavía ningún capítulo y él me preguntó un poco escandalizado que cómo era posible que eso fuera así. Lo bueno es que él tenía allí las dos primeras temporadas, en el ordenador, y me las ví del tirón. Y fue entonces cuando supe que Lena era una diosa". Cuando uno alcanza la categoría divina se entiende que está más allá de lo que gusta/no gusta, pero, ¿qué es lo que más le apasiona a Úrsula de Lena? "Me chifla que sea una mujer sin tapujos, que se acepta tal y como es. Quiero que sea la líder de las mujeres, ¡yo la seguiría! Ella está capacitada para hacer lo que le dé la gana... y esas son las mujeres que me gustan". ¿Cómo se dice? Son cinco letras y pronunciarlas juntas son casi una melodía: diosa


DÍA 7
De acuerdo, el domingo no es su día favorito de la semana. Pero ella sabe cómo hacerlo especial: pidiendo una hamburguesa, yendo a perseguir atardeceres y viendo películas.

Si eres seguidor de los 7días/7looks de Vogue, sabrás que los domingos ejercen un poder extraño en todas y cada una de sus protagonistas. Si hay un día de la semana que cada una persigue de una manera muy especial y al que todas atribuyen un carácter diferente, ese es el domingo. A nuestro parecer, tiene una fama injusta cuando, en realidad, es un día muy dulce y gustoso. Pero, ay, Úrsula Corberó le tiene algo de miedo. Le paraliza la idea de estar un domingo en casa sola y sin hacer nada. Solo con pronunciar los conceptos "sola" y "sin hacer nada" ya le tiembla un poco la voz y el tono se vuelve algo sombrío. "A ver... me encantaría ser más casera, pero no lo soy", dice ella. "Sola puedo estar un martes, pero un domingo ¡ni de broma! Es que solo con imaginarlo me pongo triste y eso es algo que para mí es impensable. Yo me obligo a estar bien, la tristeza no computa en mi mundo".


¿Y cómo es el domingo perfecto para Úrsula? "Idealmente, he salido hasta muy tarde el sábado, así que me levanto muy tarde. Pienso en algo que me sirva de desayuno-comida-merienda y pido una súper hamburguesa para que me la traigan a casa. Sigue una siesta y luego continua una tarde-noche viendo películas en el sofá con mi pareja. Aunque últimamente no he estado muy de salir hasta tarde los fines de semana... Es algo que va por épocas, ¿no?", pregunta pensativa.

"Otro plan que me encanta de un domingo es el de levantarme más o menos a una hora decente, quedar con amigos y desayunar tarde", propone la actriz. "Luego, seguir dando vueltas y haciendo planes por la ciudad, yendo a tomar cañas y picar algo rico, y terminar, sí o sí, en el cine viendo una película buena. Bueno, y si entre medias podemos pasar por el Templo de Debod a ver el atardecer, antes del cine, ya soy la mujer más feliz del mundo de todos los domingos del mundo entero". Y vuelve a estallar en esa constante que ha dado ritmo a estos 7días/7looks: su risa. Su divina risa.


Reportaje: Revista Vogue
Escribe: Marta Hurtado de Mendoza
Fotos: Rubén Vega
Realización: Ana Rojas

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